¿Son las emociones negativas, negativas?

Emociones Negativas Lidermap¿Las emociones negativas? En realidad, nos hacen un gran favor: nos salvan de nosotros mismos. Nos hace ver la necesidad de cambiar cosas en nuestra vida que no funcionan. Sin embargo, sobre todo durante las últimas décadas, el ser humano -sobre todo en el llamado Primer Mundo- se ha dedicado a ocultar lo feo, lo molesto… y a hacer una búsqueda incesante de los cielos azules y luminosos, de una residencia permanente entre la alegría y el éxtasis por vivir en el bienestar.

Todo lo dicho ha llevado a que las emociones que generan sentimientos y sensaciones desagradables hayan sido etiquetadas de pecados (ira, envidia) o identificados como no saludables (celos, frustración, tristeza, vergüenza…). Y no sólo las etiquetamos. También tratamos de suprimirlas, para lo cual o bien nos medicamos o bien nos regañamos a nosotros mismos por sentirlas.Emociones Negativas Lidermap

Pero también podemos aprovechar esas emociones negativas para ser más felices, para llevar una mejor vida. ¿Por qué no lo hacemos? Pues simplemente porque tenemos una idea muy equivocada acerca de las mismas. Y esto debería cambiar, puesto que, en realidad, las emociones negativas son herramientas que nos pueden ayudar a conseguir nuestros objetivos en la vida; herramientas talladas por millones de años de experiencia que, desde más allá de la conciencia, nos indican lo que marcha mal en nuestras vidas. Todo esto significa que identifican problemas y oportunidades, a la vez que sugieren métodos deEmociones Negativas Lidermapreparación e identificación de posibles beneficios. O sea, que, sin instrumentos de supervivencia, sin los cuales, es probable que hubiéramos desaparecido hace mucho, mucho tiempo.

Tenemos que asimilar, por lo tanto, que las emociones negativas no sólo son vitales para nuestra existencia. También lo son, irónicamente, para sentirnos bien. Y es que para vivir lo más mentalmente sano posible, y, también, para superar los desafíos de la vida, no tenemos otra que involucrar, en la toma de nuestras decisiones, toda una gama de estados psicológicos que hemos heredado de nuestros antecesores. Saber cuándo y cómo desplegar unas u otras emociones nos permitirá vivir mejor con nosotros mismos y con los demás.

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