Tecnología: el ego y las redes sociales

El día en el que las redes sociales aterrizaron, el ego se disparó. Las nuevas tecnologías acercan el mundo a nuestras pantallas y a nosotros nos catapultan a todos los rincones del planeta. Las redes sociales ayudan, sí. A buscar trabajo. A informarse (y desinformarse, si no se usan con cuidado). A aprender. A no perder el contacto con nuestros seres queridos. Pero sin duda, hay una parte ególatra en todo lo que engloba a las redes que se ha descontrolado.

La palabra compartir ha desvirtuado su sentido en el momento en el que difundir en las redes nuestros comentarios, nuestras fotografías y estados, se ha transformado en un escaparate de nuestra vida. Facebook, Instagram, Youtube y otras plataformas online son los soportes perfectos para reclamar la atención del público. La palabra “influencer” se colaba en nuestro vocabulario digital sin comerlo ni beberlo junto a “selfi”, “blogger” o “youtuber”. Estos nuevos generadores de opinión, con miles de seguidores a sus pies han pasado de la noche a la mañana de ser simples mortales a ser venerados por sus fans.

Mientras que las redes sociales ofrecen todo un abanico de posibilidades, esconden una parte maliciosa tras de sí y se han convertido en el punto de inflexión y obsesión. Facebook o Instagram son las redes que más abarcan esa vida ideal que los usuarios quieren difundir de sí mismos. La explosión de felicidad que captan las instantáneas de usuarios de todo el mundo ofrece una percepción nada realista. Hay quien dice que sobrepasar los 380 amigos en Facebook aumenta nuestras posibilidades de depresión, ya que cuantos más amigos se tienen, más difusión de momentos felices (no siempre reales) se reciben en el muro. La presión social por mostrar esa misma felicidad aumenta hasta el punto en el que vivimos por y para mostrar a los demás nuestros logros y nuestro palmito. El ego ha sido desvirtuado hasta el concepto de vanidad virtual donde proyectamos a los demás la imagen de nosotros mismos que queremos que tengan. Nuestra autoestima crece de manera exponencial con relación al número de “likes” recibidos en cada caso. Tanto fotos como textos de opinión necesitan de ese reconocimiento y aceptación para engordar nuestro ego a base de visualizaciones y comentarios. La nueva era se expande como la pólvora conllevando con ello el narcisismo de la sociedad moderna digital. En nuestras manos queda poner la línea divisoria entre lo que queremos compartir y lo que queremos dejar reservado para nuestra privacidad.

 

Lidermap

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *